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Pàpê®Döll

En la inmensidad de mi mente

Lugo Adrïana

职业
地点
Soy una persona simple, pero lo simple puede ser muy complicado de manejar....

Si dejas un comentario te llevas un premio........

 

Una carita Feliz =')

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ok
 solo para saludarte si esta muy bonito tu espciol a verdad no se de dodne aparecist pero gusto en concoerte aki una amiga mas jajajaaj saludos de sinloa
5 月 25 日
POPPY发表:
Para quedarse en los colores de tu blog...
 
Buena semana Adriana y todavía gracias por tu intervención, tu comentario...
 
 
¡ Llora, llora, llora mi planeta!
 
3 月 9 日
POPPY发表:
 
         
2 月 1 日
POPPY发表:
1 月 3 日
rjefrain发表:
HOLA ESTA NUY CHIDOTU SPACES Y TU ESTAS MUY LINDA SE NOTA QUE TE LATE SER MUY ALEGRE
PERSONAS COMO TU FALTAN EN ESTE PLANETA
BYENO CUIDATE
ESPERO TENER UNA RESPUESTA PRONTO
OK
SUERTE
A UN BESO Y MILES MAS.
8 月 19 日
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Los conejos de cemento

Era un día muy caluroso cuando llegamos al pueblo de mis abuelos, ellos se habían mudado a una gran ciudad donde mis padres se conocieron, a mi nunca me había tocado ir, por lo menos no que yo recordara, así que esas vacaciones mi padres decidieron llevarme a conocer mis raíces.

 

Llegamos al pueblo alrededor de las 12:00 del día, el sol era implacable, y ya todos estábamos hartos de andar en el carro, a mi padre nunca le había gustado manejar en carretera, así que para el era satisfactorio poder bajar y estirar las piernas.

 

La entrada a este pueblo no era como las que yo conocía, una carretera con un montón de casas a los lados, aquí no podíamos meter el carro, así que lo estacionamos y cada quien cargo con su maleta y nos adentramos a un, mmmmm, parecía un establo, había paja tirada en el suelo y había dos puertas, por la que entramos que era amplia, alta y de dos piezas y una en el lateral izquierdo, como a 10 metros de la primera, el lugar era bastante grande y por las ranuras de la madera entraba la luz del sol, además del lado derecho cerca de la pared se habían caído algunas maderas y entraba la luz con más fuerza, de ese lado habían 3 conejos, era enormes, me costo reconocer que eran por el tamaño que tenían casi igual que el tamaño de una oveja, pero aparentaban ser más grandes, debido a que obviamente eran como conejos con los cuerpos redondos y con largas orejas caídas hacia los costados, yo los observe admirada y no únicamente por su tamaño, sino por lo que estaba comiendo, comían cemento, si cemento en polvo, al principio yo no sabía que era pero mi abuela se acerco y me dijo mira esos son los conejos de cemento que comeremos pasado mañana, crecen de ese tamaño por que se alimentan de cemento en polvo, quede impactada, eran de diferentes colores uno era blanco, otro gris y el de en medio era manchado blanco, café y negro. Quería acercarme a acariciarlos, pero no pude, el señor que cuidaba la entrada y a los conejos de cemento estaba matando a un cordero, lo tenía con las patas para arriba y le estaba sacando las viseras, mientras otro cordero lo observaba atento, era espeluznante, así que camine rápidamente hacia la puerta de la derecha y salí nuevamente a la luz del sol que me dio de lleno en la cara, dejándome ciega por unos segundos.

 

El pueblo era un lugar agradable con caminos de piedra  casa antiguas, la de mi familia era una de las más grandes del pueblo, y a mi me toco una habitación que daba hacia la calle principal, desde ahí podía ver el parque, donde como en todos los pueblos la gente se reunía en las noches para tomar el fresco y convivir entre ellos, mientras otros daban vueltas interminables, saludando a todos una y otra vez como una película interminable o un disco rallado, al fondo se veía una pequeña montaña con un árbol solitario, detrás del cual se ponía el sol cada tarde alrededor de las 7:00.

 

Yo no podía dejar de pensar en los conejos, me tenían obsesionada, quería saber más de ellos, ¿Cómo era posible que les dieran de comer cemento?, ¿Cómo era posible que eso hiciera que fueran tan grandes?, a la hora de la cena, yo intente hablar de eso, pero mi familia no contestaba a mis preguntas, eran como si escucharan todo lo que yo decía, excepto cuando hablaba de los conejos.

 

Esa noche me escape de mi casa, en la noche y me fui hacia la puerta de entrada a ver si podía acercarme a ellos, pero no llegue muy lejos, aunque era un pueblo muy tranquilo, por las noches había personas cuidando las calles y no me dejaron acercarme a la puerta, me regresaron a mi casa y le dijeron a mi abuela que tuvieran cuidado con esas conductas, era algo frustrante.

 

Al día siguiente pasamos casi todo la mañana en la casa de unos tíos, resulta que unos de mis primos de 18 y 17 años respectivamente se habían enamorado y mis tíos no sabían que hacer con ellos, en “secreto” se llamaban Emerat y Galilia, era muy extraño, mis tíos lo sabían, pero decían que estaban locos, aunque muy en el fondo ellos sabían que pronto los dejarían casar antes deque Galilia quedara embarazada, mi familia de ahí era muy extraña, yo nunca los había visto, pero son de esos lugares donde sientes que no encajas y al mismo tiempo sientes que tienes que buscar tu lugar. Cuando pude me Salí de la casa y me fui a buscar aquella pequeña montaña con el árbol solitario, tarde casi dos horas en llegar, parecía un lugar cercano, pero no lo era….me senté a descansar un rato, me quite los zapatos y los hundí en el pasto, sin darme cuenta me quede hasta el atardecer, como las 7:00 de la noche, al llegar a casa mis padres estaban preocupados y me regañaron, aun con todo al otro día me fui nuevamente, claro que esta vez lleve comida, y mientras exploraba el lugar vi  que alado del árbol había una marca, al revisarla vi que estaba clavada, así que rasque y encontré una cajita metálica, llena de cartas, y las leí todas y cada una, eran cartas de amor, de esos amores que solo existen en nuestros sueños, de esos amores que todas las niñas deseamos tener, y venían las dos, las de el y las de ella, otra vez me quede hasta muy tarde ya que después de la puesta del sol ya no podía leer, metí la caja en mi mochila y me fui a casa, estaba flotando en un ambiente de enamoramiento increíble, y al llegar a casa, a mis padres no les importo la hora.

 

A la mañana siguiente tenía que investigar más sobre los conejos de cemento, pues dentro de pocos días los matarían, para la gran celebración del pueblo, fui a la entrada del pueblo y pregunte al señor que cuidaba de ellos, el me sonrió, pero su sonrisa me causaba miedo y desconfianza, su respuesta fue que eran pequeños conejos, pero que era una raza especial que un día habían aparecido y por casualidad se dieron cuenta que el cemento tenía ese efecto sobre ellos, que los alimentaban con este y que extrañamente no morían, más sin embargo su popo eran piedritas grises y había que sacarles miles de estas al momento de limpiarlos para cocinarlo, pero que el cemento hacía que su carne fuera suave como ninguna y que todos nacían a finales de agosto y había que matarlos a principios de septiembre, pues si se mataban antes o después su carne se volvía amarga. Todo esto era muy extraño, que podía esperar de conejos gigantes que comían cemento???..

 

Al regresar a casa seguí leyendo las cartas, el misterio de los conejos había terminado, o eso era lo que yo creía….

 

Pasaron los días y yo no podía dejar de leer las cartas y las respuestas, todas eran tan tiernas y bellas, hasta que llegue a la última, El le escribía una carta de despedida, pues el se iría a la guerra y ella le contesto con unas palabras muy extrañas, “sin el amor en mi ser, mi corazón dejará escapar a los conejos y de cemento nos volveremos, porque sin amor nunca más podremos estar”

 

Y ahí terminaban las cartas, baje y le conté a mi abuela que había encontrado esas cartas, le conté toda la historia y ella me vio con decepción, nunca debiste de haber tomado esas cartas me dijo, y las lagrimas escurrieron por sus mejillas, yo me quede callada, no sabía que decir, así que espere a que continuará y así lo hizo.

Hace muchos años, nuestra familia quedo eclipsada, por eso nos fuimos nuestra hija mayos se enamoro de uno de los muchachos de estas familias, pero la guerra empezó y todos los hijos de las familias mayores de 16 años tenían que ir a la guerra, pero tu tía no quería dejar ir a este muchacho, ella decía que era el amor de su vida, así que un día fue a ese árbol y dicen que una bruja se le apareció y le pregunto que porque estaba tan triste y esta le contó su pena, entonces la bruja le dijo que le escribiera esas palabras a su amado y este nunca se iría de su lado, pero al leerlas, los dos se convirtieron en conejos y el pueblo creyó que eran animales silvestres y empezaron a matar y comerse a sus hijos, por eso nos fuimos de este pueblo, tu tía aun vive, al igual que su amado, la bruja tenía razón el nunca se fue de su lado, pero su castigo, por haber usado esa magia, es que sus hijos tendrán un fin trágico.


Adriana

P.S. Este es un extraño sueño que tuve, le hice muchos cambios para que pudiera ser una historia, pero me sorprendio soñar con unos conejos que comían cemento....O.o'

 

La Espera

Sentada en el sillón, mientras mi corazón se llena de emociones, alegría, felicidad, amor y pasión. Las pareces verdes que reflejaban mis esperanzas empezaban a teñirse rojo, me pare y rose la pared con mis dedos, la pintura se sentía fría, tersa y empezó a gotear en el piso, sacudí mi mano intenta deshacerme de la pintura que al momento de alejar mi mano de la pared por completo desapareció en un instante, regrese al sillón, había llegado el momento de esperar, sentada sobre la tela blanca que acariciaba mi piel escuche los golpes en la puerta, mi corazón golpeaba mi pecho con fuerza, sonó tres veces y pregunte, “¿Quién ha venido hoy a contemplar mi alegría?”, la suave voz atravesó la puerta hasta mis oídos y en unos segundos la respuesta atravesaba mi cerebro, en el primer momento los sonidos acariciaron mi piel, para después desgarrarla por completo, “ la soledad esta aquí hoy, he venido a hacerte compañía”.

 

No podía creerlo que hacia la soledad en mi puerta, ella no era lo que yo esperaba, así que sin pensarlo dos veces conteste, “hoy no eres bienvenida, así que espero tu partida”. El silencio se hizo presente en ese momento, la soledad se marcho, sin hacer otro intento. Camine por el cuarto, el pasto verde del piso se había vestido de rojo para hacer juego con las paredes, acariciaba mis pies en cada  paso, en cada respiración, en cada minuto.

 

No se cuantas horas pasaron, si fueron días o años, pero por fin la puerta volvió a sonar, yo corrí para pegar mi oído a la madera pulida, olía a barniz y roble, si bajaba mi nariz podía percibir también el olor del hierro, entonces volvió a sonar, mi cabeza aun estaba pegada, una fea sensación lleno mi cabeza. Después de unos segundos hice la misma pregunta que la vez anterior “¿Quién ha vendió hoy a contemplar mi alegría?”, creo que el sonido de mi voz del otro lado de la puerta, aunque apagado por la madera, debió de sonar demasiado cercano, porque la voz guardo silencio por unos instantes y sus palabras fueron simplemente, “soy la soledad”.  A lo que yo conteste, “Ya te he dicho que tu no eres quien yo espero, así que vete hasta que no sea tu momento”.

 

Mi corazón se lleno de tristeza, las flores que rodeaban el sillón me veían con melancolía, ¿porque la soledad osaba invadir mi espacio, cuando lo que yo esperaba era el amor?, no podía comprenderlo, pero no me dejaría vencer, mis sentimientos no eran oníricos como los de las doncellas enfermas de amor, yo sabía que había llegado el momento de enamorarme y que solo tenía que esperar unos instantes, porque pronto eso que yo esperaba haría que la puerta sonara y por fin podría salir de aquella habitación.

 

Pasaron muchos días y la soledad era constante, seguido tocaba a mi puerta y me pedía que la dejara entrar, pero yo nunca lo hice.

 

Sentada en el sillón peinaba mi cabello y contemplaba las flores a mi alrededor, ellas sonreían intentando hacerme feliz, pero no lo lograban, estaba muy triste, cuando escuche algo extraño en el exterior, yo nunca escuchaba los pasos, pero esta vez podía escuchar los pasos al otro lado de la puerta, pero ahora no me emocione, ya lo había hecho demasiadas veces, mientras mas cerca se escuchaban los pasos, mas curiosidad tenia por averiguar de quien era, la puerta sonó una vez, me quede quieta, ni siquiera respiraba, la puerta sonó, otra vez, el silencio reino por unos minutos, hasta que finalmente la puerta sonó, una tercera vez, en el momento en que abrí la boca para preguntar quien era, las paredes empezaron a teñirse de gris, el pasto se convirtió en arena y las flores que me habían estado haciendo compañía se marchitaron.

Pregunte por ultima vez “¿Quién ha venido hoy a contemplarme?”, no podía hablar de alegría pues esta había desaparecido, la voz resonó en toda la habitación,

- “Soy la soledad”

- “¡Te he dicho que no quiero tu compañía!”

Su silencio fue sepulcral y dijo

- “Entiende niña, el amor no vendrá, se alejo demasiado de tu puerta y ahora no sabe como regresar, déjame hacerte compañía o  morirás”

 

Me dio tanta tristeza que llore sin parar, el amor nunca llegaría, lo había esperado por tanto tiempo y ahora sabía que había sido en vano, pues nunca regresaría por mi, así que deje que la soledad entrara, encerrada en aquel cuarto gris, al final, después de 49 días el día nueve del mes nueve morí, en sus brazos, simplemente me dormí y mis ojos nunca vieron otro mundo que no fuera el más allá.

En la pared

La pared era completamente blanca, sin una sola mancha, era…simplemente impecable, al igual que las demás paredes de esa enorme habitación, había un enorme ventanal desde el cual se podía ver la calle.

La primera vez que vi esa pared acababa de ser desempacaba, era algo completamente diferente al lugar de donde venia, donde las paredes eran de ladrillos expuestos y había un desorden ordenado muy singular, un caos organizado, difícil de desmarañar. Me recargaron contra la caja en la que había estado los últimos dos años. Supongo que yo era muy especial, pues había estado sola en esa caja, mientras que los otros salían de cajas, donde habían compartido el espacio con otros dos o  tres.

Vi a una mujer delgada, tal vez demasiado delgada, vestida con una falda negra y una blusa rosa y zapatillas negras también, de su peinado no se salía de su lugar ni un solo cabello y hacia un contraste singularmente gracioso con la otra persona que ocupaba el espacio en esa habitación junto a ella, un señor regordete, vestido con algo así como un mameluco azul, bastante sucio, al que la mujer le daba órdenes de donde, como y, a qué altura colocar los clavos a lo largo de las impecables paredes, a mi me toco en medio de una pared a un lado de la ventana desde donde podía observar claramente la calle a través de la ventana y a las personas que entraban y salían de la galería por esa sencilla puerta de madera con cristal, de la que colgaba un papelito que decía cerrado y abierto de cada lado.

Debajo de mí colocaron una plaquita con mis datos, obviamente yo no podía leerla, pero suponía que decía lo mismo que las de los otros cuadros que estaban a mi alrededor, mi nombre, el nombre del pintor y tal vez la fecha en que había sido pintada o una leve descripción de el estilo con que había sido pintada. De estilos no sabía mucho, el nombre el pintor por supuesto que lo sabía, había estado con él durante 4 años mientras me pintaba, sabía que era su obra maestra y que había tardado tanto, porque no siempre sentía la genialidad en su humor para ponerme atención, su nombre era Sebastián La Cour, su madre había sido mexicana y su padre francés, eso lo sabía porque todos creían que su madre había sido española, pero él no dejaba que nadie se quedara con esa idea, y de su padre porque siempre decía ese loco francés volvió a llamar. Su historia lamento decir que no la sé.

Mi nombre era Isabella, y sé que él me amaba, tal vez no de la forma que se ama a una mujer, pero de la forma en que se ama a una diosa, una musa inalcanzable, una idea perfecta.

La galería olía a vainilla y a madera, supongo que era por el piso y los escasos muebles del lugar, todos eran de una madera oscura que hacia un contraste increíble con la blancura de las paredes.

Todas las mañanas la mujer delgada llegaba a la galería a las 9:00, siempre puntual, ni un minuto antes, ni un minuto después, con un café en la mano que llenaba la habitación con su olor, algunas veces con un toque de chocolate, algunas veces era solo el olor del café, que había sido abandonado por su compañero, por el olor del café podía saber el humor en que había llegado la mujer, cuando estaba triste o deprimida, olía mucho a chocolate, y eso siempre la alegraba, cuando estaba de mal humor era café negro bien cargado y cuando andaba de un humor más bien simple ni feliz ni triste, el olor de la hierba buena llenaba mi marco, y llegaba hasta el interior de mi espíritu, aun que no sé si una pintura tiene espíritu. Pero lo que más me gustaba era cuando estaba feliz, tal vez la habitación no olía tan rico como los otros días, pero la alegría que irradiaba era suficiente para mi, entonces un frapuccino venía pegado a su mano, con la espumosa crema batida y esas ricas chispitas de chocolate que le ponen para que se vea más alegre y en ocasiones cuando estaba feliz, pero a dieta, era un jugo, aunque nunca pude descifrar de que sabor era, porque el vaso era completamente blanco y me impedía adivinar el sabor.

No sé cuánto tiempo estuve colgando de esa pared, nunca fui buena con el tiempo. Pero sé que a los pocos días de haber llegado, en una noche de sábado, sé que era sábado porque todo mundo lo decía, llego mucha gente a verme, todos vestían muy elegantes, todos me admiraban y hablaban de Sebastián y su genialidad, lo busque por toda la habitación, la mayoría de las pinturas de la habitación eran suyas, y por lo que había escuchado de su boca, el pintor siempre iba a recibir las criticas, pero él no estaba, entonces una señora especialmente gorda se paro junto a un joven que me observaba fijamente, tan fijamente que me ponía nerviosa, y le decía “¿es encantadora verdad?”, a lo que le contesto un simple “aja” sin apartar su mirada de mi, sin siquiera voltear a ver a la mujer que le hablaba, entonces lo supe, las palabras salieron de sus labios, ella sabía porque no estaba ahí, ella dijo “el era un genio, pero todos los genios están locos, y el no podía ser la excepción”, ella siguió hablando explicando cómo se había quitado la vida, el día después de que me termino, en su carta de despedida había escrito “De mis manos han salido muchas historias que plasmo en lienzos. En mi alma cada una de ellas ha marcado un momento especial, pero ninguna como Isabella, sé que nunca podré pintar nada que se aproxime a su belleza, es mi obra maestra y para que sea reconocida y admirada sé que tengo que morir, no quiero volver a pintar, pero mi vida sin la pintura no es nada, no puedo permitir que el mundo pase un segundo sin honrarla como ella se merece, no puedo esperar ni siquiera un aliento más, así que hoy termina mi camino”. Después de eso no supe que pensar, tal vez había tardado los cuatro años en pintarme porque ya tenía planeado el final y no quería que llegara tan pronto y no por el humor al que él tanto culpaba.

Algo acerca de que yo había sido su novia muerta en un accidente, también llego a mis oídos, pero me puso muy triste saber lo que había sucedido, después de que haber sido empacada. Así que eso ya no tuvo importancia para mí, esa noche nada más tuvo importancia para mí.

Esa noche de sábado se vendieron muchos cuadros suyos, todos me alagaban, todos me admiraban, pero supongo que nadie se atrevió a comprarme por la historia detrás de mí, o es posible que el precio fuera excesivo, pero que precio podía ser suficiente, que valiera su vida.

Yo solo era un cuadro, así que mi vida siguió colgando de un pequeño clavo, en una pared blanca, analizando el estado de ánimo de la mujer que cuidaba de mi, que me mostraba a todos los clientes que llegaban a la galería y que me tenía como la obra maestra más extraordinaria de todos los tiempos.

Me toco ver a todos los tipos de compradores de arte, los conocedores, los que no tienen ni idea de arte, pero tienen el dinero para comprar lo que sea, los que saben lo que quieren, los que no saben que quieren, pero creen que en cuanto lo vean lo sabrán, los que saben de arte, pero no tienen para comprar un cuadro original, los que nada más quieren perder su tiempo, los nuevos ricos que creen que comprar un cuadro les dará status social, los que tienen niños y por eso venderles un cuadro es un crimen, y así miles de personas entraron a esa galería. Pero lo que tenían en común todos ellos, era que cuando me veían todos se quedaban con la boca abierta, admirándome como la obra más fantástica de todo el mundo. Pero nunca nadie me vio como tú, te reconocí por la forma de mirarme, no me quitabas los ojos de encima y me ponías nerviosa, como aquella noche de sábado cuando la señora gorda te conto de Sebastián. En ocasiones ni siquiera entrabas, solo te parabas en la ventana y me observabas. La primera vez no te vi bien, porque estaba agobiada con tu mirada y las noticias acerca de Sebastián, pero poco a poco se me fue olvidando ese sentimiento de nerviosismo y empecé a observarte detenidamente, eras muy guapo. La segunda vez que te vi, no te reconocí al instante, hasta que te paraste frente a mí y no dejaste de admirarme, creo que estuviste ahí como una hora.

Poco a poco, me fui acostumbrando a ti, y cuando no ibas a verme te extrañaba, me preguntaba ¿qué estarías haciendo?, ¿porqué no ibas?, o ¿a qué hora llegarías?. Te buscaba en todas las personas que pasaban por la calle, hasta que por fin te veía venir, y entonces todo dejaba de existir, la señora rara del cuadro de al lado me dijo que estaba enamorada, pero un cuadro no puede enamorarse de un humano, solo me gustaba observarte, si tu lo hacías conmigo, porque yo no podía hacerlo contigo, pero ella tenía razón, después ya no podía olvidar el olor de tu loción.

En cierta ocasión la mujer delgada que cuidaba de mi, se molesto, no te decía nada, pero yo lo sabía, estaba cansada de que fueras a verme, ella te intento coquetear y tu ni cuenta te diste, solo tenias ojos para mí, pero ella estaba molesta y ya no sabía cómo hacer que dejarás de ir, estaba cansada de que te pararas frente a mí y no compraras nada, pero no tenía forma de pedirte que te marcharas, así que yo era feliz.

Nuestro enamoramiento mutuo duro casi un año de visitas casi diarias, aun los domingos ibas y te pegabas como mosca en el cristal de la ventana, hasta que un día un señor mayor, tal vez de 70 años, que derrochaba poder, llego a verme, el dijo que tenía que ser de él y pregunto mi precio. Yo me aterre, no podían separarme de ti, en aquel momento no sé porque no me compro, pero fui muy feliz. Creo que iba a buscar una pared, el lugar perfecto para mí, no lo sé y no me importo.

Poco después de que se marcho, entraste tú y todo se me olvido, pero a ella no, estaba feliz de poder deshacerse de tus visitas, te dijo que te fuera despidiendo de mí, pues tenían un cliente, para mí. Por un momento creí que la única aterrada sería yo, pero no fue así, pude ver el horror en tu mirada, al pensar que nos podían separar, empezaste a hablar con ella de dinero, y cosas así, tú ya tenías el lugar perfecto para mí, así que en ese momento hiciste los arreglos para comprarme.

No sé porque no lo habías hecho antes, tal vez necesitabas esperar a que nos enamoráramos el uno del otro, pero aquella tarde deje esa pared y termine en una pared como mmm, no sé qué color era, si, era como beige, pero realmente no lo sé, y ahí permanecí por siempre a tu lado, compartiendo las miradas, admirándonos mutuamente, aunque el tiempo pasaba, aun que para mí no pasaba, yo siempre sería igual, pero tu cambiabas, aun así nunca te deje de amar.

Adrïana

Una tarde más

Estoy parada frente a tu casa, y entonces titubeo por unos segundos, podría seguir adelante, pues ya estoy aquí, tocar el timbre, ver tu cara de sorpresa mientras me sonríes pues no esperabas verme hoy, tal vez me dirás “hola ¿qué tal?”,  Caminarás hacia el portón me abrirás la puerta y me invitarás a entrar, yo lo pensaré por unos segundos y te diré que preferiría caminar, pasear por la ciudad, hoy no hay carro, pero qué más da podemos caminar y sentir el aire fresco, lo bueno de hoy es que no hace calor, así que me dirás que está bien, te pondrás unos tenis y saldremos a ver que dice la gran ciudad, caminaremos unas cuadras y después nos encontraremos con un perro que se ve solitario, pero que sabe que en el momento que él lo desee puede regresar a su casa y su dueño estará  feliz de verlo, lo acariciará y le dará de comer, para que mañana otra vez salga a pasear y se pierda por algunas horas en aquel lugar.

Los carros pasarán a nuestro alrededor, con prisa y sus sonidos de claxon que no dejan de irritarnos, tal vez te moleste por varias cuadras y me digas “para o ya verás”, iremos a ese parque que está en ruinas y patearemos las piedras, te seguiré molestando, tú me perseguirás para obligarme a estar quieta, aunque sabes que nunca lo lograrás, el día tal vez se nuble, y terminemos corriendo bajo la lluvia, buscando un lugar donde resguardarnos, después de mucho buscar no encontraremos nada y nos sentaremos en una banca cualquiera, dejando que la lluvia moje nuestros cuerpos mientras nos reímos sin papar de unos niños que corren y se caen porque sus zapatos no son buenos para el agua, entonces el sol se volverá a asomarse, con un arcoíris coronando su entrada y empezará  a secarnos, caminaremos un poco más hasta la gran avenida de la ciudad, la gente empezará a salir de su escondite y las calles se empezaran a llenar nuevamente, compraremos un helado porque sabes que  me encanta, además de mi adicción por el chocolate, te embarraré un poco en la mejilla solo para fastidiar un poco más y tú me verás con esa mirada que siempre me haces cuando empiezo a fastidiarte de más, que dice que te estás enojando de verdad, aunque en el fondo solo estás jugando conmigo. Podríamos tomar una combi y llegar a algún lugar más lejos, pero empezará el atardecer y siempre me ha encantado con sus colores azules, naranjas y rosas, así que seguiremos caminando y llegaremos a otro parque, los árboles estarán llenos de gotas, pasaré bajo una rama y tú harás al árbol vibrar y terminaré mojada una vez más, nos sentaremos a ver el atardecer, los primeros momentos de quietud y luego el fresco del anochecer, tal vez será momento de regresar, tendrás que volver a  casa, pero tal vez solo tal vez podríamos pasar unos segundos más juntos, jugaré con tus manos, y te obligaré a abrazarme, tú me empujaras jugando y luego estaremos ahí observando a la gente pasar en completo silencio, solo iluminados por una lámpara cercana a nosotros, se escucharan las risas de los niños jugando y algún lloriqueo de el torpe niño que se ha caído, pasará un perro y nos verá como si nos conociera, será aquel perro que vimos en la tarde, ahora traerá a su dueño con él y una linda correa, moverá la cola y olerá todo a su alrededor, le diremos adiós y el sacará la lengua. El momento habrá llegado, regresaríamos sobre nuestros pasos, pero eso sería muy aburrido y ordinario, así que tomaremos otro camino, y llegaremos primero a mi casa, tomaremos una taza de té, no sea que nos resfriemos, y nos sentaremos a ver televisión, tú intentarás ver televisión mientras yo intento hacerte cosquillas y continuo aplastándote, a quien le importan los resultados del futbol cuando puedo molestarte sin parar, así te darás por vencido y terminarás haciéndome cosquillas hasta que ya no pueda más. Verás el reloj y dirás que ya es de verdad muy noche, que el tiempo vuela, pero que tienes que irte a casa, así que te acompañaré a la puerta y por fin te dejaré ir. La tarde habrá sido fantástica, nunca olvidaremos esos momentos, cuando nos divertíamos tanto mientras vagábamos por la ciudad, me darás un beso en la mejilla y seguirás el camino de regreso a tu casa, llegando a casa sé que  me mandarás un mensaje y tal vez mañana hagamos algo parecido, pero definitivamente nunca nada igual a hoy.

Todo eso podría ser, así que subo el escalón de tu puerta y toco el timbre, espero ansiosa a que aparezcas todo despeinado detrás de la puerta y me sonrías, pero la puerta se abre y detrás de ella no estás tú, esta tu mamá, le pregunto por ti y me dice que no estás, así que le doy las gracias y me voy, escucho como la puerta se cierra, y la desilusión me cae encima, tal vez sería ordinario regresar por el mismo lugar, pero si tú no estás eso pierde importancia, me encuentro en el lugar donde el perro estaría, pero él no está solo un montón de basura. Mañana será otro día e intentare sorprenderte, solo espero que estés ahí para verme. Ahora recuerdo aquel dicho en inglés que siempre me ha causado gracias, pero ahora que me toca vivirlo, no es igual de divertida……..

That’s the way the cookie crumble.

Adrïana
P.D. Esta historia tenía un final más feliz, donde si lo encontraba, pero era demasiado predecible, y la vida no siempre hace lo que nosotros queremos, nunca es predecible y siempre es inevitable.

Momentos

Estoy despierta en esta habitación esperando a que amanezca, y que el sol entre por esa venta, aunque preferiría que no lo hiciera, que el frio de la noche permaneciera y que yo simplemente me quedara dormida otra vez, que desaparecieran los recuerdos de mi mente, los sueños de aquellos momentos que me hicieron tan feliz y que ahora me hacen llorar. Cierro los ojos y lo intento una vez más, pero no logro encontrar ese lugar en mi cabeza donde pueda vivir lejos de ti, todos dicen que estaré bien, que esto no es el fin del mundo, pero como viviré si tu recuerdo me sigue a todos lados.

Ayer te encontré por primera vez, en aquel mercado de la esquina al que yo siempre voy, no sé porque fuiste a ese lugar, fue bastante malvado de tu parte, sabes que yo aun estoy sola, intentando olvidarte, cuando tu ya me habías superado, aun antes de dejarme ya estabas con esa tipa. Sonreías y jugueteabas con ella, como en algún momento lo hiciste conmigo, aunque, si mi mente no me traicionara como siempre lo hace, sería solo un momento, pero realmente fueron miles y mi cabeza no deja de reproducirlos para mí como si fueran películas viejas, o tal vez diapositivas de esas que te mostraba tu abuela de su juventud o tu niñez. Pero ese no era el punto porque siempre me desvió, porque siempre un pensamiento me lleva a otro como un laberinto sin final, aunque las paredes son siempre recuerdos de ti. Aun en mis sueños apareces otra vez, pero eso no fue lo que me despertó, fue el sonido de mi teléfono, estaba soñando contigo, soñando que estabas a mi lado otra vez, que volvíamos a ver la tele juntos y a pelear porque ver, yo odiaba tus programas y tu odiabas ver películas románticas, pero siempre encontrábamos la forma de pelear para después olvidarnos de la televisión mientras me perseguías por toda la casa porque te robaba el control, pero la llamada, esa llamada estaba ahí, tal vez había sido parte de mi sueño, pero fue demasiado real, yo aun dormitaba, y levante el teléfono, era tu voz al otro lado de la línea, que decía “perdón sé que es tarde (eras las tres de la madrugada,) pero te vi hoy y desde entonces no he dejado de pensar en ti, ¿cómo va tu vida?, Te ves muy bien, a veces me cuesta recordar porque nos separamos”.

En aquel momento me quede sin aliento, primero no podía entender una sola de tus palabras solo escuchaba el sonido de tu voz que me tranquilizaba, me hacia regresar a aquel maravilloso lugar donde solo existíamos tu y yo, donde nunca me habías engañado, donde la vida era fantástica y podíamos pasar todo el sábado tirados en aquel sillón, peleando por el control y comiendo chucherías, pero después de unos segundos el estupor desapareció de mi cerebro y empecé a procesar tus palabras, primero escuche el “no he dejado de pensar en ti”, y entonces pensé, “pues te veías muy feliz como para haberme notado entre la multitud”, claro que la multitud solo éramos cuatro personas, tu y ella, un niño  enojado porque lo habían obligado a sacar al perro en la mañana y yo, aunque espera, ahora que lo recuerdo también estaba aquel borracho tirado junto al basurero, soñando con….¿con qué sueñan los borrachos?, no lo sé, pero no pareciste notarme, ni siquiera hiciste el esfuerzo por saludarme y yo intente esconderme detrás de aquel faro donde en algún momento nos agarro la lluvia y nos besamos hasta que yo temí por nuestras vidas, porque los rayos podían caer sobre aquel faro y moriríamos felices pegados para toda la eternidad (y entonces nuestra historia hubieras sido románticamente perfecta y no la patética historia que éramos ahora tu y yo), tú te reíste de mí, me dijiste tonta y seguimos caminando hacia la casa, así que ¿en qué momento empezaste a pensar en mi, cuando ella tenía su lengua en tu garganta o cuando tu reías sin control, como si ella fuera la persona más divertida del mundo?

Las palabras siguieron cayendo en mi cabeza poco a poco como gotas de lluvia, y siguió esa frase de ¿cómo va tu vida? Y la respuesta era tan simple que era irónico que dijeras que me veía bien. Yo siempre creí que nuestra vida podía ir de muchas formas al mismo tiempo, en algunas cosas nos iría bien y compensaría el hecho de que en otras nos fuera terriblemente, pero en aquel momento mi vida era simple y llanamente una mierda, estaba triste todo el tiempo, nunca quería salir de casa, no quería comer, no quería hablar con mis amigos, por todo lloraba, el control de la tele me recordaba a ti y me hacía llorar aun más, hasta el punto de arruinar mi tarde, pero no podía rendirme tan fácilmente y demostrarte que todo a mi alrededor era horrible sin ti y que me habías destrozado, así que pensé en decir que todo estaba normal, pero entonces reaccione, habías dicho que no podías recordar porque nos habíamos separado, ¿eras un completo retardado?, ¿eras la persona más estúpida que existía sobre la faz de la tierra?, la respuesta iba abrazada a ti cuando me viste en la calle, me habías engañado con aquella tipa que conociste en el bar aquel día del cumpleaños de tu mejor amigo, que se había acercado y te había dicho que tu camisa era idéntica a una que le había regalado a su hermano, que tenían el mismo gusto por la ropa, y entonces pasaste toda la noche hablando con ella de trivialidades que debo agradecerte por no seguir contándome, mientras yo te esperaba en casa, porque había tenido que trabajar en un proyecto y tú te convertiste en un gran imbécil, ella por supuesto te dio su teléfono y la estuviste llamando por un tiempo, y luego te hiciste su amigo, entonces ella un día se acostó contigo y poco tiempo después yo me entere y terminamos. En aquel momento colgué el teléfono sin contestar nada, no sin antes escuchar aquellas dos palabras con las que intentabas matarme “Te Amo”, pero no te ayudaron en tu propósito y solo me hiciste enojar, así que azote el teléfono.

Y entonces mi insomnio regreso, mi mente me empezó a traicionar otra vez y mis ojos se llenaron de lágrimas una vez más. A veces quisiera que nada de eso hubiera pasado, que la vida fuera más sencilla, que yo pudiera borrar ha esa tipa de aquel bar o que le pudiera poner novio y que pudiera borrar ese momento en que tu decidiste empezar a engañarme con ella, o tal vez sería más fácil poder borrarte para siempre de mi cabeza y dejar de recordar nuestras caminatas por la ciudad, cuando yo no sabía a donde quería ir y tu simplemente me llevabas a donde nuestros pies quisieran ir. Cuando nos quedábamos en casa en un día lluvioso y comíamos palomitas mientras te molestaba para que perdieras en los video juegos. Todos aquellos momentos que hacen que desee tenerte nuevamente a mi  lado, por lo menos unos segundos y poder ver si el olor de ti que recuerdo es el mismo. Aquellos momentos que me hacen odiar mi vida y que no me dejar seguir adelante, no sé si algún día te olvidaré, no sé si alguien podrá remplazarte, aunque no lo creo, eras todo lo que yo siempre quise y sin embargo no lo eres para nada, y ahora esta amaneciendo, tu llamada fue hace horas,  mi teléfono esta llenos de mensajes tuyos que pienso borrar sin leer, me tengo que bañar, espero hoy poder salir y no tener que verte otra vez, espero que pasen años antes de tener que verte otra vez, tal vez debí decirte algo cuando hablaste, porque aun después de todo mi vida ha cambiado, me ofrecieron un trabajo en Londres y me voy en dos días, por fin dejaré atrás todo el recuerdo de los dos, dejare este lugar que me aplasta, y no me deja vivir, y espero nunca más saber de ti.

Adrïana

 
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